El Mercado Central, es tal y
como dicen, la mejor representación de Costa Rica. Allí se encuentran los
orígenes de nuestra cultura y del ser costarricense. Es importante destacar que
cuando hablamos del ser costarricense,
no es el del día de hoy, sino aquel individuo clásico y muy bien conocido por
todos: el campesino. Al entrar ahí somos transportados a la vieja
Costa Rica, la simple, la buena o al menos, así es como nos hacen verla.
Podemos volver a ver al artesano a simple
vista o a la típica cocinera regordeta y amable que hace sus comidas
irresistibles para cualquiera que las prueba. Hay muchas identidades perdidas
que solo se pueden encontrar ahí. Por lo tanto, es importante conservarlo y
traspasarlo de generación a generación. Poco a poco se está perdiendo este
patrimonio y no debe ser así. La población se está olvidando de que tenemos nuestra propia historia y que
alguna vez tuvimos nuestra propia cultura.
Cada vez nos desarrollamos
más rápido, y podemos abrir puertas a nuevas tendencias mundiales. Costa Rica
se está modernizando y eso es bueno. Pero gracias al orgullo que sentimos con
este avance, hay personas que no quieren recordar que no siempre fue así. No
siempre tuvimos computadoras y acceso a tanta información mundial, no siempre
tuvimos videojuegos ni técnicas avanzadas de enseñanza o marcas de ropa
conocidas en todo el mundo y muebles hechos por diseñadores. Muchos solo
quieren avanzar y avanzar, pero olvidándose de quienes son y principalmente de
donde vienen. Por esto mismo, me parece interesante esta pequeña excursión al
mercado central. Me sorprendió ver que muchos del grupo jamás habían puesto un
pie en él y algunos ni siquiera sabían cómo llegar.
En el Mercado Central se
puede encontrar de todo, desde comida hasta mascotas. Se podían observar todo
tipo de personas y sus diferentes reacciones. Había gente que pasaba cada uno
de sus días allí, hasta extranjeros fascinados por la extraña atmosfera que ahí
se encierra. No es extraño esperar que muchos se sorprendan de la cantidad de
cosas que allí se venden. Además, alguna vez fue de los mercados más visitados
e importantes de la capital y por lo tanto del país.
El Mercado Central es un
legado que debemos conservar, son pocos los lugares que muestran la auténtica
Costa Rica y sus costumbres. El día de hoy es normal querer visitar los centros
más modernos con las tiendas más sofisticadas y eso está bien. Lo que
definitivamente no es correcto es olvidarnos de un patrimonio como este e
ignorar su existencia y su importancia. Todo buen costarricense, que ame su
patria y sus orígenes, debería ir a visitarlo. Es un sitio de gran importancia
que ayuda a muchas personas a subsistir y por lo tanto nosotros también deberíamos
colaborar con esta causa. Este mercado es simplemente de gran importancia para
el país y por lo tanto no debe ser dejado de lado.
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